Ed is Dead

‘Your last 48 hours’ (YL48H)

(Idioteque Records)

Eduardo Ostos -léase, Ed is Dead– es diferente, casi anómalo, lo suyo es otra cosa. Persigue fines diferentes a los de la gran y estruendosa mayoría de músicos españoles adscritos a la electrónica, al menos a los que yo conozco y son unos cuantos. Él no está aquí ni por vanidad, ni por dinero o fama. Lo hace porque no le queda otra, de forma natural exhala música por todos sus poros y ello le condena a vivir por y para ella. Y en este tránsito diario -que él ha asumido con la misma elegancia que Sísifo con su piedra en loop- ha entendido que para conseguir llegar hasta dónde él quiere (y debe) solo hay un camino, por el que transitar y crecer, y ese no es otro que el que él mismo está construyendo (a base de pico, pala y beats) a su propio paso. Pero cuidado, pisa territorio ignoto y de ahí, lo terriblemente fascinante del mismo. También sabe que su carrera es larga -muchas más horas de las cuarenta y ocho que abarca este flamante ‘YL48H’- y que por ello en la misma hay -y habrá tiempo- para todo.

Tras su primer notable álbum –‘Change’ (2015)- que provocó un escalofrío que nos recorrió todo el espinazo -¿o fue una sonrisa?- ahora presenta diez cortes que sustancian uno de los álbumes más serios vs. emotivos, mejor producidos y sofisticados que le recordamos a un músico electrónico patrio. Y es aquí cuando hay que hacer una parada obligatoria -y necesaria- para explicar qué es lo que abre esa gran brecha entre Ed is Dead y muchos de los artistas que campan por la escena (¿hace falta decir nombres?): él es músico -pero de los de verdad, de arriba a abajo- y eso se nota, esencialmente en que sus temas son suyos de principio a fin. Aquí no hay ayudas, ni tutoriales, ni trampas. El responsable máximo de todo, para bien o mal, es él y así se le debe de reconocer.

En estos nuevos temas -un Ed is Dead más valiente y seguro de sí mismo que nunca- apuesta por la intimidad expansiva de un pop contemporáneo idemista y denodadamente orgánico -con fuerte inspiración UK (garage, dubstep, broken-beats, d&b, etc.)- en el que lo vocal -siempre exquisitamente seleccionado desde una variopinta visión del asunto- logra, en casi todos los casos, la misma relevancia que lo meramente instrumental.

‘Rob A Bank’ en la que canta Alice Wonder -y que sirve para abrir el disco- nos retrotrae al bass distorsionado y tech-soulero de anteriores entregas. Al igual que la inquietante, emotiva y frágil ‘Spone some time whith you’. En ‘Get Drunk’ (feat. Nikki García) todo es más brumoso, urbano y trip-hopero. Ya en ‘Drive Fest’ el dream-pop acuoso y sensitivo es quien manda, hasta que una inesperada fanfarria dramambasista aparece para hacerlo todo estallar de placer. ‘Kidnap a Politician’ es una pequeña obra maestra de lo quebradizo, lo sutil y lo bello. Ese escaleo de notas, en suave loop, nos sumerge en la caricia de lo mistérico hasta que llega, de sopetón, la tormenta analógica (guitarra, bajo y batería) para atraparnos en uno de los cortes -al igual que sucede con la palpitante ‘Heroin’– que mejor ejemplifican lo que ha querido este madrileño mostrarnos con este segundo álbum: rabia y sensibilidad a partes iguales, en feliz vs. rara convivencia. Seguramente la cumbre de este ‘YL48H’ -con permiso de la rítmica y dramática ‘Family Dance’ (atentos a su fantasmagórico 7.06’) en la que canta Odille Lima– viene de la mano de la doliente, rota y bassy ‘Have a Fight’ (feat. Laia vehí) en la que Ed is Dead se muestra en estado puro, con el alma al aire.

En fin, como afirmé -cuando escribí sobre su anterior y notable ‘Change’- en este país -aún muy de pandereta, verbena y zapatilla de esparto- hay artistas -como el que nos ocupa- que, a través de sobresalientes y recomendadísimas entregas como la que sustancia este ‘YL48H’, que saca a la calle a través de su propio sello Idioteque Records– nos hacen creer que aquí aún hay esperanza para otro tipo de realidades sonoras (próximas a Radiohead, Plaid, James Blake, Moderat, Burial, Massive Attack, etc.). Solo queda imaginar qué pasaría si este trabajo lo firmara algún productor extranjero o banda ad-hoc de referencia (como las antes referidas)… ¿de qué estaríamos hablando ahora?

Fernando Fuentes/ nov_2017